Gestión Emocional

No todo tiene un lado bueno

 

Desde hace algún tiempo se da mucho valor a vivir haciendo énfasis en lo positivo. Es así como diversas marcas aprovechan el tirón de esta corriente y crean objetos como tazas, camisetas, cojines, vasos y pare usted de contar, con mensajes positivos sobre la vida. Es curioso cómo, a través de las redes sociales, personajes a los que ni siquiera se les puede ver la cara hablan de lo maravilloso que es vivir una vida plena, feliz y plantándoles cara a las dificultades con una actitud positiva, buscando la felicidad y mirando el lado bueno de las cosas.

 

“Mira el lado bueno de las cosas”, “en cada fracaso hay una oportunidad de aprendizaje”, “si la vida te da limones, haz limonada”, son apenas unos pocos ejemplos de las muchas frases promocionadas constantemente dirigidas a todo público. Esto puede resultar mejor o peor dependiendo de las preferencias de cada persona. Quizás para algunos resulta adorable esta forma de vivir la vida y para otros, una utopía.

 

No todo tiene un lado bueno. Hay cosas dolorosas, tristes y que no tienen por qué llevarnos a aprender nada en concreto. Como profesional dedicado a la salud mental, no estoy reñido con la felicidad. Tampoco soy una persona huraña, o una especie de “grinch” que deteste lo bueno de la vida; sin embargo, pienso en las implicaciones de mirar solo el lado bueno de las cosas, de lo perjudicial que resulta no permitirse estar mal, o incluso obligarse a ver “lo bueno” de situaciones que son tan duras o malas, que no es posible mirar lo bueno o aprender de ello.

Gestión emocional. Psicólogo en Barcelona
No todo tiene un lado bueno.

¿Y entonces, qué hago con lo que siento y no me gusta?

La tristeza, la rabia, la frustración y el miedo son emociones que requieren ser sostenidas y que implican un esfuerzo importante por parte de quien las experimenta. La felicidad como objetivo eleva presiones y establece exigencias no siempre realistas. Muchas veces, la felicidad es efímera o, para poder conseguirla, es necesario pasar por esfuerzo y trabajo que implicará, a su vez, tener que gestionar frustraciones, dificultades y muchos reajustes.

 

Una alternativa sana y coherente con la realidad de la vida implica atribuir un valor más justo a las situaciones buenas y a las no tan buenas. Lo que a veces nos resulta malo, o difícil de gestionar, tiene un sentido y está bien poder permitirse vivirlo así, sosteniendo el malestar que conlleva. No es obligatorio ver lo positivo en situaciones en las que no tiene por qué haber algo bueno.

 

 

Alejandro Noriega de Jesús

Psicólogo en Barcelona


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