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Síndrome del impostor

¿Síndrome del impostor?


En 1978 las psicólogas Suzanne Imes y Pauline Rose Clance encontraron en su práctica clínica similitudes entre un grupo de mujeres con altas cualificaciones académicas, buenos trabajos: estimulantes y bien remunerados y la sensación de no estar a la altura en su trabajo. Esta sensación da paso a la cronificación de una duda en la que constantemente se cree que no es la persona adecuada para desempeñar el trabajo que se realiza.

 

Las dudas y sensaciones usualmente desembocan en un estado de ansiedad anticipatoria a lo que podría ocurrir (riesgos en el trabajo que amenacen su continuidad), críticas excesivas relacionadas a cómo se hace el trabajo, ideas irracionales con contenidos en los que se convencen de no merecer el puesto de trabajo y que ha sido “un golpe de suerte” que lo hayan conseguido.

 

A pesar de sus dudas, creencias irracionales, exigencias desmedidas, sus resultados laborales suelen ser bastante favorables. El problema se acentúa cuando todos sus logros se minusvaloran o desprecian, dificultando que haya una crítica real sobre el desempeño.

 

En la actualidad es un problema no relacionado con el género. Cada vez hay más hombres identificados con este conjunto de síntomas. Es importante destacar que aunque es el nombre que recibe comúnmente, no está reconocido como una enfermedad como tal.


Síntomas 


Algunas de las señales que podemos identificar, están relacionadas con los siguientes pensamientos (Mcinthire, 2019):

 

  • Preocupación frecuente por cometer errores
  • Frustración debida a que el trabajo propio no es perfecto
  • Sospechas que nunca serás lo suficientemente inteligente o lo suficientemente bueno para tener éxito
  • Atribuir el éxito a la suerte, la casualidad o cualquier otra cosa, excepto por su propio talento y trabajo duro
  • Preocupación porque los demás descubran que no eres un buen profesional

 

Estos pensamientos pueden estar acompañados de dificultades para dormir, descansar y una dedicación excesiva al trabajo, lo que impide que otras áreas de la vida puedan estar en balance. También pueden desaparecer las ganas de seguir creciendo profesionalmente, aumento de la frustración y poca disposición a pedir ayuda. La inseguridad en general va en aumento mientras la autoestima merma.

¿Qué hacer?

Si te sientes identificad@ con alguno de estos pensamientos, acudir a psicoterapia es un buen paso. Usualmente, la sintomatología no desparece por si sola. Acompañado por el profesional adecuado, aprenderás formas de gestionar tus emociones y obtendrás herramientas que pondrás en marcha para ganar bienestar y reducir la ansiedad. El síndrome del impostor tiene solución.

 

Por otro lado, también identificarás los pensamientos que conducen y refuerzan las creencias irracionales sobre tu desempeño para recobrar tu bienestar. Trabajarán para reducir la intensidad de tu crítico interno reconfigurando los pensamientos negativos por pensamientos basados en evidencia. Será una buena oportunidad para que en un espacio seguro, puedas comprender más sobre tu funcionamiento y pensar sobre las posibles causas que favorecieron que te encontraras en esta posición.

 

Alejandro Noriega de Jesús

Psicólogo. Psicoterapeuta

IG: @alejandronoriegapsi

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